
Tal y como os contábamos la semana pasada, en la actualidad la cremación es una alternativa cada vez más popular para la disposición de un cadáver. Pero, ¿sabes cuál es su historia?
Por ello, hoy desde Funeraria San Nicolás seguimos contándote la historia de este rito funerario.
Hacia el siglo V d. C., la práctica de la cremación había desaparecido de Europa. Sin embargo, años más tarde, la cremación en vida fue usada como parte del castigo a los herejes, y esto no solo incluía arder vivo en la hoguera.
Por ejemplo, en 1428 la Iglesia Católica desenterró el cadáver del traductor inglés John Wyclif (1320-1384) y lo cremó. Sus cenizas fueron esparcidas en un río como una forma explícita de castigo póstumo, por negar la doctrina católica de la transubstanciación.
La cremación retributiva (con base en las acciones en vida) continuó en los tiempos modernos. Por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial, los cuerpos de 12 hombres convictos por los crímenes contra la humanidad en los Juicios de Núremberg, no fueron entregados a sus familiares, sino cremados, y depositados en una locación secreta.
El movimiento moderno de cremación comenzó en 1873, con la presentación de una cámara de cremación hecha por el profesor paduano Brunetti en una exposición en Viena.
En Gran Bretaña, el movimiento contó con el apoyo del cirujano de la reina Victoria, sir Henry Thompson, quien junto con sus colegas fundaron la Sociedad de Cremación de Inglaterra en 1874.
Los primeros crematorios en Europa fueron construidos en 1878 en Gotha (Alemania) y en Woking (Inglaterra).
Algunas iglesias protestantes comenzaron a aceptar la cremación, bajo la premisa racional del ser: «Dios puede resucitar a un difunto de un tazón de cenizas tan fácilmente como puede resucitar a uno de un tazón de polvo».
En 1963 el papa Paulo VI levantó la prohibición de la cremación, y en 1966 permitió a los sacerdotes católicos la posibilidad de oficiar en ceremonias de cremación.
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