El rito de la incineración en la antigüedad

El rito de la incineración en la antigüedad - Pompas Fúnebres San Nicolás

La incineración o cremación se practicó en el mundo romano hasta el siglo II d.C., imponiéndose desde entonces la inhumación o enterramiento del cuerpo. 

La reducción del cadáver a cenizas pasaba, a grandes rasgos, por los siguientes pasos, con variaciones dependiendo de la categoría social y posibilidades económicas de la persona fallecida.

  • Tras ser velado el difunto en el domicilio, era trasladado a la necrópolis o cementerio situado fuera de la ciudad (estaba prohibido enterrar a los muertos dentro de los límites de ésta), acompañado del cortejo formado por familiares y amigos, y en ocasiones por plañideras y músicos.
  • Llegados a la necrópolis, se colocaba sobre una pira de leña, a la que se prendía fuego.
  • Reducido el cuerpo a pequeños huesos quemados y cenizas, estos restos eran lavados con vino o agua, recogiéndose en una urna o vasija que podía ser de cristal, cerámica o piedra.
  • Según los casos, la urna se depositaba en el columbario o panteón familiar, o en una simple fosa realizada en el terreno, y por lo general, junto a algunos objetos utilizados en vida por el difunto, los ungüentos empleados para perfumarlos, una moneda para pagar al barquero que habrá de trasladarlo al mundo de los muertos y una lucerna con la que pueda iluminarse en ese camino. El sitio era señalado con una lápida con la consagración a los antepasados, el nombre, la edad, alguna palabra de afecto y fórmulas como “aquí está enterrado” o “sea para ti la tierra leve”.
  • Finalmente, los asistentes celebran una comida o banquete en el mismo lugar del enterramiento, depositando una parte de la comida y la bebida junto a la tumba. Los familiares la visitarán todos los años en el cumpleaños del difunto y otras fechas señaladas, volviendo a dejar ofrendas y flores.
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